Pensamientos fugaces de una madrugada

A veces no me acuerdo de lo bonita que soy. A veces cuando me acuerdo de lo bonita que soy, al mirarme al espejo, sólo sé pensar en lo aún más bonita que sería si fuese más delgada.

A veces no me acuerdo de que quiero estar sana y ágil, y fuerte, y sentirme bien.

A veces pienso que esto es algo que debería tomarme con más calma. Que debería darme igual lo que digan los demás, o cómo sean ellos, o si mi ropa es distinta. A veces no me acuerdo de que el exterior de las personas no vale NADA.

Tengo ganas de no sentir presión. De hacer lo que quiera que haga porque me divierta haciéndolo, y sea feliz con ello. Me apetece sentirme plena y completa sola, sin nadie que me diga que le parezco atractiva, o que no se lo parezco. Me apetece vivir, sin pensar de forma compulsiva y dañina en lo que como, o en el tiempo que paso sentada. Quizás así comería menos y pasaría sentada menos tiempo, y sería mas feliz.

Quiero estudiar, aprender, superarme, tener éxito, viajar, pasármelo bien, conocer personas que me enriquezcan y me diviertan.

Quiero cuidarme, y aprender a ser responsable. Quiero quererme, sin obsesionarme por la cifra que indique la báscula.

Lunes 24.02.14

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Otra lista. ¡Otra lista! Otra lista…

A pesar de las oleadas de voluntad que a veces sufro, no he sido capaz de economizar y aprovechar las horas del día para hacer todas las cosas que, durante un día, me gustaría hacer. A veces me parece que es por una especie de falta de memoria, pero cuando lo pienso bien, concluyo que es debido a algún tipo de falta de interés, que en mi interior se traduce en miedo o ansiedad.

Así pues, puesto que realmente mi intención es cumplir unos objetivos que me ayudarán a ser feliz y sentirme realizada, he decidido elaborar una lista de las cosas más importantes para centrarme en ellas, y recordarlas durante todos los momentos del día, y así poder acordarme de hacerlas todas.

Muchas listas como esta existieron en mi vida, y hasta ahora, todas, simplificando el número, sirvieron de nada. Toda mi Fe e ilusión está puesta en que ésta sea diferente. Determinación es lo que marcará la diferencia. No la intención, el deseo, el sueño, sino la determinación.

– Para empezar, al levantarme, es crucial una carga de energía, y la salud. Mirar al cielo por la mañana y sentirse bien, feliz, energética, es fundamental. Es lo que marcaría la diferencia si se lleva a cabo todos los días de la vida. Por eso esa tarea será la primera del día. Da igual lo que pasara el día anterior, ni lo que pueda suceder al día siguiente. El único momento que es real y que importa es ese, y cada paso que dé a partir de ese momento. Un día en que no tenga compromisos más allá de lo cotidiano, no debería ser más tarde de las nueve menos cuarto.

– Porque una madre es sabia, y me gusta mi pelo en su sitio, lo primero será tomar unas cucharadas de aceite de oliva virgen extra, que no hace mal a nadie, y mucho bien por una melena voluminosa. En ayunas.

– Para sentirme bien, poderosa, y querida por mí misma, feliz. Pasar por delante de un espejo y sentir que estoy preciosa es imprescindible. Ponerme guapa hasta para desayunar y estudiar. Para recoger, para ir a la calle. Para todo. Como cualquier persona desearía, estar guapa siempre es un factor  determinante en las ganas de comerte el mundo. Da igual cómo seas, si moren@, rubi@, alt@, baj@, delgad@.. ¿qué persona que se sienta fea tiene ganas de hacer por sí misma? Y el truco no está en ser Jéssica Alba, sino en darse cariño.

– Ver todo limpio y recogido es un alivio para el espíritu y me hace sentir libre y cómoda. Me hace sentir persona. Todo debe estar cómo los chorros del oro, la cama hecha y la loza fregada. ¡¡Además hay que recordar que mamá no debería tocar ni un plato!!

– Gasolina para el día, hora del desayuno equilibrado, y que no se me olviden las pastillas. Tomándolas ahora no se me olvidarán y podré despreocuparme durante el día.

– Sobra decir que quiero demostrarme a mí misma que puedo comerme el mundo. Estudiar. Al menos 4 horas.

– Comer sano. No usar sal, no probar bolleria industrial. ¡¡Macros!! Fitnes life. Quien algo quiere, algo le cuesta. He concluído que la comida no es un placer, sino una necesidad, y eso no necesariamente implica que vaya a ser un sufrimiento. Responsabilidad. Determinación. Amor por mí misma.

– Hacer ejercicio. Sobra explicarme 🙂 Ejercicio es salud, es diversión, es sociedad, es belleza, es deber, es superación, es disciplina, es felicidad, es bienestar.

– Leer, es algo que me gustaría retomar como hábito. Quiero escribir debidamente siempre, y quiero poder tener conversación sobre una actividad tan interesante, quiero aprender, y se aprende leyendo.

– Quiero aprender inglés, porque me encanta el inglés. Hace mucho tiempo que no lo practico, y por eso casi se me ha olvidado lo muchísimo que me gusta.

– ¿A qué hora debe una acostarse si quiere despertar a las 8:45? Lo suyo es dormir nueve horas aproximadamente. 23:45 es el cálculo. No más tarde 🙂

Quien algo quiere, algo le cuesta. Vida sana, responsabilidad, determinación, disciplina, felicidad, salud, satisfacción 🙂

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La desidia no descansa

Hace más de un mes que elaboré una lista con tres objetivos fundamentales que cumplir durante el tiempo que tenía que pasar aquí. Creo que puedo decir que sólo uno ha sido perseguido con un mínimo de éxito.

Por primera vez en mucho, mucho tiempo, he sentido que estoy a gusto practicando ejercicio físico asiduamente, y alimentándome de forma equilibrada. Y aún así, a veces ha habido algún desliz. 

Pero también tengo la sensación de que ir prácticamente todos los días al gimnasio era la excusa perfecta para olvidarme de que tengo que estudiar. Pero la idea de que el tiempo pasa no se va de mi mente, y finalmente me está pasando factura sobre el único logro que he conseguido. Así que he decidido que también estableceré una prioridad.

A partir de ahora, lo primerísimo que haré al comenzar el día es estudiar. Luego asegurarme de que todas las tareas están hechas, y luego ir al gimnasio.

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Puedo con ese temario sobradamente. No es tan difícil. De ello depende lo que me suceda el próximo año, y no me apetece que sea el triple de horrible que el precio que estoy pagando ahora.

Cuando apruebe, podré pasar un verano genial, y luego marcharme nuevamente a seguir con mi vida. A estar sola, y hacer lo que me apetezca, a salir, a conocer gente. Después podré matricularme en un ciclo sencillo, y PETARLO, con las notas mientras paso unos años fantásticos, para poder estudiar lo que realmente me gusta. 

Quiero ser feliz, triunfar sobre mí misma y como persona, enorgullecerme de lo que hago, y disfrutar de cada minuto. Ganarme cada cosa que me suceda, trabajarlo y merecerlo.

17.02.14

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Nuevo comienzo

Han pasado aproximadamente tres semanas desde la última vez que escribí. Llegó la vuelta a casa, el reencuentro con mis amigos, las navidades, las reuniones familiares, las noches de fiesta… Me he sentido no muy bien durante este tiempo. Me consumía la ansiedad, la rabia, la angustia, la culpabilidad, el hambre, la ropa justa, la tristeza…

Pero ahora que mis amigos se han marchado, ahora que mi hermana está haciendo la maleta y yo estoy aquí con los pies fríos, la vista y la mente cansadas, y el ánimo intermitente, ha llegado el momento de hacer por mi. 

Me esperan cerca de seis meses en esta nueva circunstancia. En casa, con mamá, con papá, con los perros, sin nadie con quien tener una noche loca, sin clases. Solo yo. Y ha llegado el momento de dominarme, de sobrevivir y demostrarme que van a cambiar algunas cosas.

Creo que un buen comienzo sería preguntarme qué quiero hacer, qué quiero cambiar.

          1. Quiero sacar un diez en el examen. 

Al afirmarlo, algo dentro de mí siente miedo, como si fuese incapaz. Creo que nunca antes me había planteado una meta así. Jamás había pensado en lograr un diez en un examen de ningún tipo. Ni si quiera cuando era más pequeña y mucho mejor estudiante.

Pero creo que ya es hora. Yo quiero estudiar la carrera de medicina, y allí nunca darán seis meses para estudiar una materia perfectamente practicable en dos. Así que voy a hacer todo lo que esté en mis manos para hacer ese examen perfecto.

Para ello voy a aprender la materia como si fuese la tabla de multiplicar por tres.

          2. Quiero ponerme en forma. Ponerme en forma de verdad y para siempre.

Transformarme en una deportista. Quiero tener una figura esbelta y espigada, con curvas y músculo, y que la ropa me siente estupenda. Quiero sentirme sana y fuerte y segura de mí misma. Quiero que cuando cumpla treinta años me sienta ágil, enérgica y guapa.

Voy a integrar el ejercicio físico en mi vida de forma regular para siempre, cosa que nunca he conseguido, pro ya es hora.

          3. Quiero devolver a mi madre lo mejor que pueda los esfuerzos que ha hecho por mí.

Me propondré librarla de todas las tareas molestas de la casa y hacerla sentir libre y descansada. Se lo debo, y tengo ganas de verla relajada y tranquila, de agradecerle todo lo que hace.

Ella me ha propuesto, además, que busque trabajo, porque con mi edad, y la situación económica que superamos, no vendría mal, y es una forma de empezar a adquirir responsabilidades adultas, asíque dedicaré parte del tiempo que tenga a buscarlo, y si tengo suerte, a ejercerlo. Aunque tengo que admitir que, alomejor por ser la prmera vez, me da parte de miedo.

Por ahora, estas son las principales metas de estos seis meses que empiezan mañana. Y voy a ir a por ellas con todas mis fuerzas.

07/01/2014

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Causa – efecto

No he dormido. Y anoche tampoco dormí. Tengo mucha hambre. Creo que iré a desayunar a algún bar un sándwich calentito, y luego iré a comprar los regalitos para mis amigos.

El miércoles, cuando fui a buscar las notas con prácticamente toda la seguridad de que iría bien, no fue bien. Al decir mi nombre y separar mi boletín del montón, con la intención de entregármelo, el profesor dijo “Paula, tendremos que vernos en junio para ver cómo recuperamos esto”. Yo no daba crédito. Lo primero fue pasmo, luego vino el enfado con él, luego el enfado conmigo, la decepción, la sensación de que me lo merecía (me lo merezco). Luego pensé en mi madre, en mi padre, en mi hermana… y me puse a llorar.

Pasé una de las peores noches que recuerdo. No podía parar de llorar. Me dolía la cabeza de una forma que no lo hacía desde que tengo uso de memoria. Pero se me pasó. Se me pasó aquel ataque de ansiedad que no me dejaba salir de la cama.

Ahora me invade la tristeza, la incertidumbre, planteándome qué voy a hacer mientras esté en mi isla todos esos meses después  de haber vivido sola tres años. Sin mis amigos, sin nadie con quien salir un fin de semana, sin gente nueva que conocer, sin locuras que vivir.

Pero la verdad es que yo he provocado con mis actos esta consecuencia, y me va a tocar asumirla. No solo eso aprender de ella, y hasta aprovecharla lo mejor que sepa.

Es hora de que todo cambie, porque si eso no sucede, no me irá bien. Nunca. No seré feliz, no me sentiré plena, ni cómoda, ni disfrutaré de mi vida. Esto es la lección final, el golpe duro que era inevitable, teniendo en cuenta mi forma de operar hasta ahora.

Viernes 20.12.2013 08:35 am

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Escarmiento. Un amigo. Asco.

Hoy he hecho el último examen. Examen tortuoso y aterrador como no recuerdo jamás, después de una de las semanas mas agobiantes y desagradables que puedo enumerar.

No lo aprobé yo. De hecho, aún no tengo la certeza absoluta de que el profesor haya decidido que mi nota será un cinco. Aún tengo que esperar a las once de la mañana para tener mi boletín de calificaciones en la mano. Y aún tengo miedo, por momentos, de que algo pase. Aunque, en otros varios, esté completamente segura de que no va a sucederse un suspenso. Todavía me invade en ocasiones, durante décimas de segundo, el mismo miedo que me ha ocupado estos días atrás.

Mientras mis compañeras salieron a celebrar sus notas desde el martes pasado, yo he estado mortificándome toda la semana con la posibilidad de que este curso ocurriese una desgracia de nuevo. Sufriendo la alegría navideña de las muchedumbres en la calle; las ganas de salir por la noche el fin de semana, oyendo desde mi ventanal los gritos y cantares de las personas que sí estaban abajo disfrutando de viernes y del sábado; los mensajes en el grupo de WhatsApp el sábado, de madrugada, contando lo lleno de gente que estaba el centro de copas de la ciudad; las noches sin dormir; las horas sueltas de descanso para el cerebro, que eran más un tormento que un remedio; el remordimiento y la presión, sabiendo los poderes que me permiten estar aquí, y que yo, menos sosegadamente de lo que pueda parecer estaba desaprovechando.

Un amigo, creo que le puedo llamar así, ha sido la causa de que yo haya logrado hacer el esfuerzo que he hecho, y que no recuerdo ninguno semejante en, al menos, seis años. Esto me resulta ridículo. Es algo en lo que he pensado, y sobre lo que debo reflexionar. Algo que me hace sentir estúpida e inmadura, irresponsable. Fantasiosa, por pretender, esperar, imaginar, suponer, que una persona que está tan lejos de mí se preocupe más que otras que están mucho más cerca, emocionalmente hablando, o al menos se supone que deberían estarlo. No sé muy bien cómo describir la sensación, ni como explicar el fenómeno.

Lo cierto, es que después de esta experiencia (que como ésta puedo relatar la de mi primer año como estudiante, o la del segundo, o la de segundo de bachillerato), aunque algo dentro de mi me dice que prometo en vano, a pesar de que ahora lo sienta con todas mis fuerzas. La cuestión es que Camilo José Cela dijo una vez: “el que vence es el que no desiste“, y yo doy mi palabra a mi corazón y mi cuerpo, por mi propio bien y porque quiero, de que esto, así, procuraré que no vuelva a suceder nunca.

Además, durante el proceso, el estrés, la presión, la tensión y el remordimiento me han provocado un desorden alimenticio gravísimo que me ha sido prácticamente imposible contener. Y es que, a pesar de que yo creo en un principio que dice “Nada es tan importante como para estropear todo lo demás”, a veces no es tan sencillo como eso, y la solución está en llevar un orden y control, una armonía en los factores, para que no resulte el producto, que yo hasta ahora no llevaba. Esa es una medida equilibrada, sensata y razonable, factible y sostenible. Adecuada. El ejercicio físico regular, para siempre.

Ahora, a causa de ese desorden en mi alimentación, el volumen de mi cuerpo ha aumentado considerablemente, y eso me hace sentir vergüenza, ganas de no salir, de que los demás no me vean. Desprecio por mí misma. A su vez, ese desprecio, me hace sentir peor.

No es tan fácil cómo ser consciente de que algo no va bien. De que no está bien sentir aversión hacia mí porque mi peso cambie. ojalá lo fuera. Pero lo cierto es que la siento. Me resulta muy difícil no sentirla. Me observo ante el espejo con asco, con repulsión.

Es normal, cuando nos dicen en todas partes, en la televisión, en los carteles, en las revistas, que si no eres delgada, no vales, no sirves, debes, tienes que cambiar. Todos los días me recuerdan que mi obligación es preocuparme continuamente por tener una apariencia física que la sociedad en si, el tipo de consumo que nos ofrecen, no promueve. Me recuerdan que no se me percibe como valiosa ni atractiva ni bonita si no soy delgada. No perdonaré nunca a quien no le importa discriminar a las personas y obligarlas a sentirse incompletas y no-válidas, si es necesario para ganar dinero.

 

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Nervios, confusión

No sé muy bien qué decir o por dónde empezar.

Ando más alterada que de costumbre, y eso lo complica todo. Tengo hambre, me concentro muy difícilmente, está todo a muy poco de acabar, y por momentos creo verlo todo muy negro.

No he logrado hacer gran cosa, y estoy cansada. Me siento vacía, sola. No encuentro una razón clara para sentirme bien.

Cuando acabe el curso, dentro de una semana, aunque haya salido “bien”, tengo sensación de que no me sentiré satisfecha. No, no lo haré. Quizás he aprendido poca cosa durante estos tres meses de curso. He recordado que soy capaz de hacerlo. De sentarme, concentrarme, y estudiar. Pero me resulta dificilísimo ejecutarlo con continuidad. Tengo que hacer grandes esfuerzos. Pero supongo que de eso se trata. Para eso estoy aquí, para echarle dos cojones.

Me quedo con una afirmación sencilla, poco rebuscada, pero clara y certera que leí en algún sitio hoy: “Falta de tiempo  = falta de interés”.

Viernes 13/12/13 00:28 am

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